La emocionante experiencia de Unai. Gracias a una prótesis biónica fabricada con una impresora en 3D

Unai Blanco, un niño de 9 años, ha recibido hoy un regalo: una prótesis impresa en 3D de su brazo izquierdo con el que espera asombrar a sus amigos y agarrar con más seguridad la bicicleta. El niño de Arteixo, de nueve años, se ha convertido en el primer español en recibir un brazo ortopédico dentro del programa promovido por la red de filantropía internacional Enabling the Future, con base en Estados Unidos, que pretende facilitar el acceso a estos dispositivos de bajo coste a todas las personas que los necesiten.

Se trata de la primera prótesis de un brazo que se hace en España mediante esta fórmula con la que el resultado es mucho más ligero y más funcional. Unai tuvo una prótesis ortopédica pero pesaba mucho y no tenía movimiento por lo que no la usaba casi nunca.

Un equipo de cuatro alumnos del instituto de formación profesional Don Bosco, de Rentería (Guipúzcoa), ayudados por su profesor de Electrónica. Pero en esta ocasión ese modelo básico ha debido ser modificado para adaptarlo a las dimensiones de un niño de diez años. En su caso, la fabricación fue un poco más complicada de lo habitual. Habitualmente, los ingenieros de Enabling the Future diseñan las prótesis y cuelgan las piezas en Internet, con las instrucciones correspondientes, para que cualquiera pueda construir el objeto. Pero a Unai, que nació sin el brazo izquierdo, fue necesario adaptarle el modelo a su medida, la de un niño de 10 años, para que le encajara perfectamente. Pero no solo eso. La dificultad era mayor porque, a diferencia de los otros tres implantes de manos que habían realizado los estudiantes vascos, a Unai hubo que construirle la extremidad completa. «Solo tenía parte del antebrazo y hubo que hacerle el brazo entero, hasta el codo. Era más difícil de lo que habíamos pensado, pero asumimos el reto y lo conseguimos». Una tarea en la que han contado con la ayuda del ingeniero mecánico Lizar Azkume, de Domotec, una empresa que ha querido colaborar desinteresadamente en el proyecto, al igual que el resto del equipo. De hecho, ha sido “lo que más ha costado”, ya que una vez concluido el diseño, la impresión y el montaje se ha desarrollado en unos días, ha afirmado.

Unai: «Estoy muy contento, ya cogí una flor»

Primero se le escurrió de entre los dedos, pero al tercer intento lo consiguió. Unai Blanco agarró con firmeza una botella de agua y la levantó en el aire mientras le dirigía una amplia sonrisa, sin perder la concentración. Fue el primer objeto que atrapó con su nueva mano, una prótesis biónica fabricada con una impresora en 3D. Una prótesis normal de plástico cuesta unos diez euros, pero Unai Blanco Martínez, que acudió a recibirla junto a sus padres y sus dos hermanas pequeñas al centro guipuzcoano, la recibirá como un regalo adelantado de cumpleaños, ya que el próximo día 20 tendrá 10 años. «¿Qué te gustaría atrapar?», le preguntaron antes de sentarlo en una silla y colocarle la prótesis. «Cosas», respondió, para luego precisar: «libros». Primero parecía asustado, pero después de probar el ingenio cogió confianza y bromeó con Carlos Lizarbe, el profesor que coordinó a los cuatro estudiantes que fabricaron la mano del niño con una impresora 3D. «Es muy chula y quiero enseñársela a mis amigos», confesó. Él mismo había escogido los colores, verde y naranja.