Hormigón biológico: sostenibilidad y control térmico

Investigadores de la Universidad Politécnica de Cataluña han desarrollado un hormigón biológico capaz de hacer crecer organismos pigmentados de forma natural y acelerada, mejorando la eficiencia medio-ambiental y reduciendo, así, las emisiones de CO2.

Estas paredes se pueden definir como fachadas “vivas”, ya que sobre ellas crecen líquenes, micro-algas, musgos y otros microorganismos, gracias a los cuales se podría reducir en gran medida la emisión de CO2, además del comfort térmico que proporcionan a los edificios.

Su desarrollo y posible implantación representan un avance más en la búsqueda de infraestructuras sostenibles, un objetivo fijado en el marco del modelo de Smart Cities.

Como explica la UPC, el hormigón ha sido desarrollado a partir de dos materiales basados en el cemento; el primero de ellos es el hormigón convencional carbonatado, con el cual obtienen un material de un pH del entorno de 8, y el segundo con cemento de fosfato de magnesio, al cual no hace falta aplicarle ningún tratamiento.

Según el equipo investigador,  encabezado por Antonio Aguado, este tipo de hormigón ofrece ventajas de tipo medioambiental, térmico y estético.

Por un lado, absorben el CO2 de la atmósfera reduciéndolo gracias al recubrimiento biológico. Además, estas paredes permiten captar la radiación solar, lo cual hace posible la regulación de la conductividad térmica en el interior de los edificios.

Todo ello, unido a sus propiedades como aislante y regulador térmico, hacen de él una opción más que viable en la creciente necesidad de unas infraestructuras sostenibles.

El hormigón, en vías de obtener la patente, ya ha interesado a empresas como la corporación catalana ESCOFET 1886 S.A., fabricante de paneles de hormigón arquitectónico y de mobiliario urbano.