Rafael Camacho, Director General de Genoma España, promueve la biotecnología española

Rafael Camacho“Hay que movilizar yacimientos de capital que no están invirtiendo en I+D”

Las proyecciones del sector biotecnológico español, que mantuvo un crecimiento en torno al 15% anual entre 2000 y 2009, siguen siendo positivas. Los datos demuestran que el número de empresas ha subido un 240% y la facturación agregada alcanza los 31.300 millones de euros mientras emplea a 108.000 personas. Genoma España, participada mayoritariamente por el Ministerio Español de Ciencia e Innovación, impulsa el desarrollo tecnológico, la transferencia de conocimiento y la innovación, principalmente en el sector biotecnológico. Su Director General, Rafael Camacho, comparte su optimismo con Negocio Tecnológico:

¿Cómo posicionaría biotecnológicamente el país?

Rafael Camacho: Hay una disimetría de la producción del conocimiento y la realidad a nivel de parámetros de innovación y aplicación de ese conocimiento, pero en términos de potencial y peso del sector biotecnológico España no está mal: no llegamos al nivel de países como Alemania pero sí igual o mejor que otros países con niveles de PIB similares.

¿Cuánto ha afectado la crisis y qué previsiones se esperan para el resto del año?

R.C.: El sector biotecnológico ha sido el menos afectado a nivel de I+D. El 15% de crecimiento de media entre el 2000 y el 2009 ha bajado, pero todavía es temprano para saber cuántos puntos porcentuales. No se han dado despidos masivos, se sigue invirtiendo mucho en el sector y se siguen generando nuevas compañías. Nosotros prevemos la continuidad de inversiones que mantengan el empleo de alta cualificación. Para ello, estamos poniendo encima de la mesa nuevos instrumentos financieros para los proyectos de innovación que nos siguen llegando.

¿Cómo debe movilizar la biotecnología a industrias tradicionales como la alimentación, la química o la farmacéutica?

R.C.: El gran salto será cuando estas adopciones se hagan de una manera más rutinaria y favorecida por un desarrollo legislativo que facilite que estas realidades lleguen al mercado. En el sector agroalimentario vendría por nuevas materias primas, tecnología aplicada a nuevas variedades, con algún componente que sea saludable y beneficie tanto al productor primario como al usuario final. En el campo industrial sería la obtención de las moléculas o compuestos de interés, en vez de por una ruta química.

En el campo de la salud es donde tiene mayor desarrollo, tanto en tratamiento como en diagnóstico (la medicina genómica a nivel de predicción) o en fármaco genómica, que consistiría en afinar tratamientos dependiendo del perfil genético y las características de cada persona. Desde el año 84 se están aprobando nuevos fármacos biotecnológicos y algunos ya han pasado a ser los llamados genéricos o bioequivalentes.

El objetivo de la Estrategia Estatal de Innovación es duplicar la inversión privada en investigación ¿Qué aspectos son clave para que el tejido biotecnológico pueda mejorar su innovación y sus inversiones en I+D?

R.C.: Hay que movilizar yacimientos de capital de inversión que ahora no están invirtiendo en I+D y encontrar nuevos inversores. Dando buenas oportunidades de inversión, fomentando el apalancamiento fiscal y otorgando incentivos directos. Actualmente todo lo que se está diseñando tiene la forma de créditos: privilegiados y muy bonificados.

El Ministerio está proponiendo fondos especializados de capital riesgo que arrastren a su vez el crédito privado destinado a empresas de base tecnológica. ¿Cuál es el rol de Genoma España?

Rafael Camacho, GER.C.: A través de dos programas: uno es INVIERTE y el otro INNOCASH, gestionado directamente desde Genoma España (la cofinanciación público-privada de proyectos de desarrollo tecnológicos orientados por la demanda). Además, promovemos incentivos directos como el acompañamiento, formación, internacionalización y otras medidas que permitan el acceso a nuevos mercados y la consolidación de empresas débiles desde un punto de vista financiero.

El rol de Genoma es el diseño y la implementación de estos instrumentos financieros circunscritos como pruebas piloto. Este año hay dos nuevos programas: uno para inversiones en empresas ya creadas a través de un programa previo y otra de apalancamiento a segundas rondas sucesivas en empresas biotecnológicas. Aunque son programas con un volumen presupuestario pequeño, permitirán validar el modelo: y si funcionan, se pueden escalar al CDTI o al propio Ministerio con un volumen de inversión mucho mayor.

¿Cuál es el mapa nacional?

R.C.: Existe una concentración más elevada de empresas biotecnológicas en Madrid y Cataluña por tener tradición en las industrias química y farmacéutica. En un segundo plano está Andalucía, con la mayor tasa de creación de empresas en España. Siguen País Vasco y Valencia. El caso de Navarra obedece a un movimiento estratégico y político muy bien diseñado e implementado para fomentar el sector. También existen bioregiones en Baleares, Canarias y próximamente en Asturias.

Desde su llegada a Genoma España ha pilotado el cambio de filosofía de la entidad ¿cuál le gustaría que fuera su legado?

R.C.: Mi impronta es posicionar la Fundación como una promotora de biotecnología: no al sector académico, ni al empresarial sino promocionar la biotecnología en general. Posicionar a Genoma España como un prescriptor en oportunidades: identificar proyectos, ayudarles en su etapa inicial y garantizar un marchamo de calidad.

Mi objetivo es que cada año propongamos al patronato un nuevo programa. Para este año, se trata de un programa de  fomento de la investigación pre-clínica dada la necesidad identificada en el mercado. Actualmente no hay ninguna convocatoria pública de ayuda para este tipo de investigación y es muy difícil conseguir financiación privada.