EL PROCESO DE REFLEXIÓN ES EL DETONANTE DE LA INNOVACIÓN

“La innovación no es sólo comprar tecnología”

Por Ángel Adell de Bernardo

En una situación de crisis como la actual todos aspiramos disponer de productos y servicios novedosos que interesen a potenciales clientes. Bajo este esquema, invertir en tecnología e innovación no sólo es rentable, sino que es indispensable para que las empresas sobrevivan.

Dibujo de personas pensandoSin embargo, en España no valoramos la innovación como un elemento de competitividad. Estamos en un terreno intermedio donde es muy difícil poder vender productos y servicios en el exterior porque no podemos competir en costes salariales con los países en desarrollo y por eso la producción industrial se fuga hacia otros destino más rentables. Por desgracia tampoco podemos competir en productos y servicios innovadores como hacen otros países como Alemania, Francia o Reino Unido. Somos caros por precio y no tenemos productos novedosos de valor añadido que puedan suplir dicho coste. Es el peor escenario posible para una situación en crisis.

Para poder competir con las economías emergentes es muy, pero que muy importante, que en todas las empresas y organizaciones exista una actitud innovadora. La actitud innovadora debe permitir el impulso de ideas y cambios que impliquen mejoras en la eficiencia de las organizaciones, aunque suponga una ruptura con lo tradicional. El mundo actual en el que la actividad profesional se desarrolla hace que todos nos tengamos que estar reinventando de forma permanente y el cambio es algo innato que debemos acoger con la mejor de las aptitudes. Este reinventarse permanentemente debe realizarse sobre la base de la innovación.

Sin embargo, la innovación como tal es una palabra vacía. Sólo hace falta como nuestros representantes políticos la usan como “bálsamo de fierabrás” para salir de la crisis, y así la manipulan como una palabra de moda, pero que muy pocos saben realmente que comporta.

La innovación no es sólo comprar tecnología, no se trata un concepto meramente técnico, sino un concepto puramente emocional, basado en el pensamiento y en la reflexión. Para innovar hay que pensar y a esto dedicamos poco tiempo en nuestras jornadas de trabajo. El “día a día” empresarial nos consume e impide que paremos un rato para pensar e innovar.

Empecemos por reflexionar

Muchos utilizan este concepto y dicen que innovan, pero no aplicarían dicha innovación a su trabajo, ni mucho menos, a su vida personal. La gran mayoría de estas personas no logran aplicar la innovación porque no saben como hacerlo. Y muchos otros luchan a capa y espada por conseguir ese “producto innovador” cuando lo que necesitan es un cambio interno que les permita trabajar con más facilidad.

Por tanto, la innovación debe pasar por una etapa de reflexión para encontrar la forma de aplicarla a los procesos de trabajo, las personas que trabajan en el mismo o a la propia organización. Mediante este proceso de reflexión, sabremos identificar lo que nos diferencia de la competencia e identificar el rumbo que tomará nuestro sector de actividad.

Si no se hace, entonces ¿cómo te puedes anticipar a los posibles cambios y adaptaciones? Y, de realizarlos, ¿los percibirán tus clientes? ¿participarán en los cambios?… Estas son el tipo de preguntas que cada organización deberá plantearse si de verdad está interesada en innovar.

Imagen: Salvatore Vuono / FreeDigitalPhotos.net

Angel Adell de BernardoSobre el autor: Ángel Adell de Bernardo es fundador y gerente del grupo Euradia. Ha dedicado sus últimos 15 años a construir su propia empresa, ​​basándose en la pluralidad, la innovación, capacidad de aprendizaje y la honestidad como señas de identidad en la coordinación de proyectos a escala europea e internacional. Ha demostrado tener un sentido especial para liderar proyectos e identificar nuevas oportunidades e ideas de futuro, inspiradas en su espíritu creativo.


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