¿DEBE LA UNIVERSIDAD SEGUIR PARÁMETROS DE MERCADO EN SU I+D?

“Mientras España crece como potencia científica de primer orden mundial, tenemos la ratio de explotación de patentes más baja de los países desarrollados de la OCDE”

por Javier Carrero Liroa

La pasada semana, durante la impartición de un curso de formación en Ávila (España) sobre oportunidades europeas de financiación de la I+D surgió el debate sobre el problema de la transferencia tecnológica. Para contextualizar es suficiente decir que España es la novena potencia mundial y la quinta potencia europea en producción científica, con 49.563 documentos publicados en 2008, según el informe “Knowledge, Networks and Nations” de la Royal Society de Inglaterra. Desde el punto de vista de la producción científica, en España, el sector universitario produce el 66,13% de los artículos publicados, lo que la sitúa en primera posición.

Joven investigadoraNo obstante, mientras España crece como potencia científica de primer orden en el mundo, tenemos la ratio de explotación de patentes más baja de los países desarrollados de la OCDE. Esto significa que todavía España sigue teniendo su principal problema en la transferencia tecnológica, es decir, en el puente de colaboración necesario entre la comunidad científica y las empresas.

Ante esta problemática surge el dilema de si es conveniente adaptar los sistemas de selección de las líneas de investigación en las universidades a las necesidades del mercado. Por tanto, ¿qué tipo de investigación científica queremos en la universidad?

Podríamos definir dos categorías; en primer lugar un modelo de selección “latina” clásica donde los proyectos de investigación se seleccionan en base a criterios de interés académico y donde las necesidades del mercado están en un segundo plano, dando plena libertad a los resultados futuros de la investigación, sin interesar si se generarán o no futuros productos en el mercado.

Un segundo modelo estaría representado por el sistema “anglosajón” de selección de proyectos de investigación en universidades basado en criterios de mercado y en la utilidad final de los resultados de investigación.

Por mi parte, me decantaría por un modelo mixto, pero con preponderancia del sistema anglosajón, donde las empresas del sector participaran de forma activa durante el proceso de selección de los proyectos de investigación, incluso pudiendo llegar a una financiación conjunta. No obstante, la decisión final debería ser adoptada por el ámbito académico que conoce mejor el estado del arte mundial de las tecnologías y la viabilidad científica del proyecto.

Javier Carrero LiroaSobre el autor: Licenciado en Derecho, Javier Carrero Liroa es responsable de proyectos de I+D y consultoría tecnológica en Euradia International. Cuenta con una sólida carrera en la elaboración, coordinación y evaluación de proyectos transnacionales en los diferentes sistemas de financiación pública a nivel nacionl y europeo.

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