HABLEMOS DE NARANJAS, MUEBLES E INNOVACIÓN

“Quien crea que los problemas que tiene nuestro país se deben sólo a una crisis económica pasajera, se equivoca”

por Ángel Adell de Bernardo

Un estudio de la Universidad Politécnica de Valencia alerta del “deterioro progresivo” del sector citrícola valenciano porque, pese a ser el que más peso tiene actualmente en la economía agraria valenciana, está entre los que menos apuestan por la I+D en toda la cadena del complejo agroalimentario. Según el informe, esta falta de esfuerzo innovador y tecnológico motiva que la economía citrícola valenciana esté en un claro retroceso, tanto en el contexto del estado español como internacionalmente.

Imagen: Pixomar / FreeDigitalPhotos.net

Por desgracia, esta situación no es sólo patrimonio del sector citrícola valenciano. Se produce de una forma reiterada en nuestras estructuras económicas, tanto a nivel regional como nacional, donde palabras como innovación y desarrollo tecnológico no tienen cabida en nuestro acerbo cultural. Hace poco, en una conferencia sobre innovación celebrada en nuestro país, terminada esta, un representante de la patronal del mueble, sector también aquejado por la crisis económica, me espetó: “oiga señor, lo que usted nos ha contado está muy bien, pero es que yo sólo hago muebles”, indicando que la innovación y su actividad económica no tenían mucho que ver (o que la explicación dada en la conferencia había dejado bastante que desear por mi parte).

En el contexto europeo y mundial, crisis y desaceleraciones aparte, nuestro país no puede ofrecer costes laborales competitivos, prestigio geopolítico o investigación tecnológica puntera. Entonces, ¿qué podemos ofrecer? ¿A qué nos vamos a dedicar en el futuro, si perdemos competitividad internacional? ¿Seguimos haciendo cosas antiguas a pesar de la competencia de países como China, Brasil, India, etc?.

Todos estos países crecen a tasas del 6% de media anual aproximadamente. En Europa estamos en retroceso, sin apenas crecimiento, excepto Alemania, país que no sólo no ha reducido en época de crisis su inversión en I+D, sino que la ha aumentado.  La inversión, la creación de empleo y los nuevos mercados, se encuentran en los países emergentes, no en Europa. En estos países se está produciendo un incremento fenomenal del número de trabajadores que entran el mercado de trabajo. Se estima que cada año cerca de 40 millones de personas pasan a disfrutar de un nivel de consumo, y por consiguiente, de renta, elevado. En cambio en Europa y sobre todo en España, se destruye trabajo.

El mundo, tal y como lo conocemos, está sufriendo un cambio geoestratégico radical y no sólo una transferencia de riqueza. Estamos inmersos en un proceso estructural a largo plazo y no solamente en una fase coyuntural. Quien crea que los problemas que tiene nuestro país se deben sólo a una crisis económica pasajera, se equivoca. España no tiene la mentalidad colectiva necesaria para entender que no es sólo cuestión de salir de la crisis, sino que nuestro desafío como país es competir en un escenario mundial globalizado. Y para eso es imprescindible estar preparado, tanto a nivel de capital humano, como social, económico, etc.

En el año 2006, el Director General de Empresas de la Comisión Europea David White, en la presentación de indicadores de innovación de los diferentes países de la Unión Europea declaraba que los resultados de España son “pobres y preocupantes”. No sólo por la tremenda importancia de la innovación, sino también porque los buenos resultados económicos no serán sostenibles en el futuro si no se innova, ya que la vaca lechera, un año u otro, acabará por no dar leche suficiente.

Efectivamente, no tenemos conciencia de la necesidad de innovar y la vaca lechera representada por el auge del sector inmobiliario dejó de dar leche. En aquel año los indicadores de innovación nos situaban en el puesto 16 de los 25 países de la Unión Europea. En el informe correspondiente al año 2010 España se sitúa en el puesto número 18 con un resultado muy por debajo de la media, entre Grecia y República Checa y solo por encima de países como Malta, Hungría, Eslovaquia, Rumania, Bulgaria, etc., muy lejos de los países de cabeza: Suecia, Dinamarca, Finlandia y Alemania. Es decir, incluso hemos retrocedido dos posiciones.

Península IbéricaPanorama muy desolador si queremos volver a la senda del crecimiento económico y la creación de empleo. Si las cosas no cambian, y lo hacen de una forma rápida, España corre el riesgo de sufrir una “involución”, lo que conllevará una pérdida generalizada de bienestar para todos.

Para ello, es necesario hacer cosas nuevas, debemos adaptarnos a una nueva realidad, renovando la base de las competitividad de los territorios, incrementando su potencial de crecimiento y productividad, reforzando la cohesión social: conocimiento, innovación y optimización del capital humano. Por último, y lo más importante, diseñando estrategias para competir en un mundo globalizado.

Los principales lastres para la innovación se encuentran en la falta de cultura innovadora de nuestro país, tanto en el sector público como en el privado. En el sector público, la inversión en I+D está por encima de la media de la UE, pero sin reflejo en la economía.

Nuestro sistema público, generalizando, dado que hay excepciones importantes y honrosas, se preocupa más por publicaciones académicas para mayor gloria del investigador o catedrático de turno que por  la puesta en valor de las investigaciones desarrolladas. No existe vínculo con el sector empresarial. En el sector privado, la inversión en I+D no llega ni siquiera a la media europea. Además, el espíritu emprendedor es casi el peor de los 25, lo cual es sin duda alguna un importante lastre en la creación de nuevos productos, servicios y modelos de negocio. España es, además, la única nación industrializada en la que su principal entidad generadora de patentes es un organismo público de investigación, el CSIC, y no una empresa privada

Los investigadores y científicos españoles no tienen espíritu empresarial, subyaciendo una marcada funcionarización de sus actividades. Por el contrario, los empresarios españoles tampoco tienen espíritu científico que permita desarrollar nuevos productos y servicios de la forma en la que lo requiere el mundo globalizado.

Somos rehenes de nuestro sistema social, económico y productivo, que es el que nos ha traído hasta la situación en la que actualmente nos encontramos con casi 5 millones de parados. Es necesario generar cultura innovadora y tecnológica en la sociedad y promover el espíritu empresarial en todos los sectores de la sociedad.

Quien no entienda que la innovación a corto plazo será su seguro de vida en el mundo actual, tenderá a desaparecer.

El Gobierno ha aprobado en este año 2011 la Estrategia Estatal de Innovación (e2i) cuyo objetivo es impulsar el desarrollo tecnológico y la innovación como eje fundamental en el cambio de modelo productivo en España, en línea con los objetivos de la Estrategia Europa 2020. La dotación económica es de 6.700 millones de euros.

Con ella se quieren aglutinar las actuaciones encaminadas al impulso de la innovación y la competitividad, imprescindibles para la recuperación económica, la creación de empleo y la consolidación de un crecimiento más sostenible. Esperemos que con esta iniciativa se rompa la tendencia negativa a la innovación en nuestro país.

 

Angel Adell de BernardoSobre el autor: Ángel Adell de Bernardo es fundador y gerente del grupo Euradia. Ha dedicado sus últimos 15 años a construir su propia empresa, ​​basándose en la pluralidad, la innovación, capacidad de aprendizaje y la honestidad como señas de identidad en la coordinación de proyectos a escala europea e internacional. Ha demostrado tener un sentido especial para liderar proyectos e identificar nuevas oportunidades e ideas de futuro, inspiradas en su espíritu creativo.


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