ESPAÑA ES LA NOVENA POTENCIA CIENTÍFICA MUNDIAL

El dato contrasta con que nuestro país, al mismo tiempo, tiene la ratio de explotación de patentes más baja de los países desarrollados de la OCDE.

Ensayo científico

España es la novena potencia científica mundial, según acaba de poner de manifiesto la Royal Society de Inglaterra a través del informe “Knowledge, Networks and Nations” en el que se recoge el ranking de los países con mayor producción científica del mundo.

Esto quiere decir que los científicos españoles han sido los responsables del 2,5% del volumen total de publicaciones científicas mundiales, al menos, durante el periodo 2004-2008, que es cuando se han recabado los datos para elaborar este ranking.

Esta situación actual mejora la que se obtuvo durante el periodo 1999-2003, en la que España ocupó el décimo puesto en el mundo. En esta ocasión, el crecimiento en el número de publicaciones científicas se consigue a costa de Rusia que ha visto decrecer dicho volumen.

El dato que ofrece la Royal Society británica refleja una tendencia que ya se venía produciendo en los últimos años y pone de manifiesto la calidad de los investigadores en universidades, centros tecnológicos, etc.

Sin embargo, lo realmente sorprendente es el dato del número de patentes registradas en la oficina americana de patentes, un indicador de referencia acerca de los resultados científicos alcanzados. España se sitúa en sexta posición entre los países del mundo con mayor número de patentes registradas con un total de 6.472. Este hecho sí supone un dato revelador del cambio que se está produciendo en el sector tecnológico español y de su capacidad para no sólo producir investigación en el mundo académico, sino también para que ese conocimiento se registre, se proteja y esté listo para poder explotarse en el mercado.

Pero es precisamente en esta fase donde el sector tecnológico sigue teniendo su “talón de Aquiles”. Mientras España crece como potencia científica de primer orden en el mundo, tenemos la ratio de explotación de patentes más baja de los países desarrollados de la OCDE. Esto significa que todavía España sigue teniendo su principal problema en la transferencia tecnológica, es decir, en el puente de colaboración necesario entre la comunidad científica y las empresas.

Esta discordancia entre unos datos y otros, pone de manifiesto la necesidad de generar iniciativas de apoyo que sirvan de vínculo entre la tecnología y el mercado. Iniciativas que provengan tanto del sector público como del privado, y que intenten poner remedio a esta situación que hace que aunque el potencial investigador español sea de los más avanzados del mundo, no se sea capaz de explotar los resultados de dicha investigación para mejorar la competitividad del sector productivo e industrial nacional.

En este punto, un elemento determinante para mejorar esta situación y generar un acercamiento entre investigación y aplicación de resultados parte del compromiso, en primer lugar, de las Administraciones públicas con los marcos de promoción de transferencia tecnológica, de modo que las investigaciones y desarrollos que se estén llevando a cabo por parte de la comunidad científica tengan una efectividad y un desarrollo práctico acorde con la inversión en tiempo y en recursos que han tenido que destinar investigadores y científicos, con carácter previo.

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